miércoles, 3 de octubre de 2012

“Quatermain y la ciudad perdida del oro” II


Marisa y leoncito travieso

En las cataratas Victoria nuestro trabajo seguía como siempre, lleno de problemas estimulantes que resolver. Teníamos varios murciélagos gigantes que nos llevó un tiempo fabricar y poner pelo, ojos, etc, también una especie de gusanos enormes, que nos dieron un poco de lata.

Al igual que cualquier criatura, los modelamos en barro, los moldes se hicieron de escayola y su apariencia final fue de foam rubber (gomaespuma). Para hacer este trabajo, montamos una especie de laboratorio y un horno primitivo donde cocer la espuma de látex en medio de la nada. Muy cerca de las cataratas teníamos el campamento base, allí trabajábamos en caravanas, y también en el exterior poníamos mesas, por lo que casi siempre guarreábamos a la intemperie. Los gusanos salieron bastante bien, se les pintó en tonos verdosos y marrones y para entonces ya teníamos el mecanismo que movería a alguno de ellos desde el interior.

Pintando uno de los gusanos

Mecanismo de gusano

Giuseppe Tortora (1) lo había fabricado en Roma con arreglo a las medidas y especificación que Colin le había pedido un mes atrás. Y nos lo trajo a Zimbabwe en persona, para probar su invento y ver si funcionaba. Y funcionaba, solo faltaba un pequeño detalle, las criaturas que no necesitaban del mecanismo, por no ser actores principales, debían llevar algo que les diera volumen en determinada parte del cuerpo. Entonces a Colin se le ocurrió que metiéramos un preservativo inflado dentro de cada gusano. Todo esto muy bien, pero costaba trabajo inflar los preservativos a la medida deseada. Este encargo lo hacíamos entre una chica de maquillaje y yo, y francamente, era un poco raro y por supuesto estábamos expuestas al ligero cachondeo  de todo el que pasaba al lado de nuestro “chiringuito”, mientras estábamos tratando de inflar aquello... Estuvimos parte de la mañana soplando como podíamos, pero aquello nos dejaba extenuadas antes de poder llegar al tamaño deseado. Y Colin pensó en enviarnos al jefe mecánico que llevaba toda la infraestructura de los camiones y del grupo electrógeno para que nos ayudara. Este hombre, nos haría el trabajo en un plis -plas

Giuseppe Tortora y parte del equipo 

Celebrando un exitoso rodaje
         
Cuando le dijimos lo que necesitábamos de él, no daba crédito

   -¿Qué tenemos que inflar preservativos entre los tres?

Pues es lo que había. Nos sentamos en el interior de su camión, y él, con no se que maquinita les inyectaba aire a la medida “bar” justa. Se nos explotaban bastantes, pero conseguimos tener los suficientes. Y así pasamos la tarde. Cuando nos despedimos, nos dio las gracias diciendo que había sido un lujo compartir con dos chicas guapas el inflado de preservativos, que volviéramos cuando quisiéramos y que estaba deseando contarle a su mujer, como había pasado el día.

Una mañana que yo andaba algo desesperada por complicaciones que tenía, fui a contárselo a mi jefe Colin, que estaba caracterizando a alguien en una de las roulotes  de maquillaje. También estaba R. Chamberlain, al que su maquilladora, le estaba colocando pelo en las cejas, y otro actor al que igualmente alguien maquillaba. Como no quería que nadie se enterara de lo que pasaba, le hablé en español, ya que allí el único idioma conocido por todos era el inglés, y de pronto alguien me dice en correcto castellano

- Vaya problema, ¿Cómo lo vais a resolver?

Me quedé de piedra, lo último que yo esperaba era encontrar alguien que me entendiera. Yo no conocía a Henry Silva, y este actor  era quien me hablaba. Cuando pude reaccionar, le pregunté donde había aprendido mi idioma. Me dijo que su madre era vasca y su padre italiano, y en casa había hablado en español, sobre todo de niño y adolescente.

Henry Silva y Marisa

Desde entonces nos hicimos amigos, conversaba conmigo siempre que podía y mas de una vez le tuve que consolar cuando se quejaba de la peluca y la vestimenta que le ponían, y del papel que hacía en la película, que odiaba con toda su alma. Yo le mentía, asegurando que no estaba tan mal... aunque de verdad era deprimente. No obstante, cuando le pasaba la neura, tenía buen sentido del humor, y entre los dos, sin riesgo de que nos entendieran, poníamos a parir a la gente que hacía la vida y el trabajo difícil a casi todos nosotros, creando tensiones innecesarias. Y de estos, había unos cuantos, mas que en ninguna otra película en la que yo haya trabajado, con una excepción “The Apple” en Berlín. Aquella también tuvo mucha tensión y siempre creada por los mismos.

Pero aparte de estas cosas, había días maravillosos. Nos levantábamos antes de la salida del sol, y nos poníamos en camino. A veces, teníamos que esperar hasta una hora para poder seguir nuestro ruta hacia el lugar de rodaje, ya que habitualmente, una manada de búfalos solía dormir en medio del único sendero que teníamos, y claro, ¡no se les podía despertar! por si se enfadaban... El contemplar la salida del sol y ver como poco a poco estos animales se ponían en movimiento, era algo impagable. En general, la fauna en las cataratas Victoria era tan salvaje y asombrosa que el hecho de poder disfrutarla, pagaba con creces los sinsabores del trabajo.

León solitario

Como dije al principio, Colin y yo estábamos dispuestos a correr aventuras y los fines de semana eran los escogidos para meternos en líos.

Recorríamos los parajes mas inhóspitos de la zona, buscábamos encuentros con animales salvajes y hasta conseguimos cabrear a los elefantes mas de una vez entrando en su terreno y aparcando lo mas cerca posible de ellos, esto, con el resultado de tener que salir disparados, ante el ataque furioso de los jefes de la manada.

Elefantes a su rollo

Los mismos cabreados con nosotros por importunarles, y atacando

Hicimos rafting en el rio Zambeze. En el lago Kariba, navegamos entre enormes          hipopótamos y desde Bumi Hills pudimos contemplar al atardecer la llegada de los leones a beber en el lago. Y hasta una vez, nos quedamos perdidos durante horas en medio de la selva. Esto ocurrió un día que fuimos a ver las manadas de animales, en una pequeña avioneta. Volábamos muy bajo para avistarles mejor, pero esto gasta mas combustible de lo normal, y tanto nos empeñamos en seguir volando así, a pesar de las advertencias del piloto ¡Que nos quedamos sin gasolina! Hubo que aterrizar en medio de la selva en un lugar, en el que según el aviador, había algo parecido a una estación de servicio donde comprar carburante. No fue así, aquel terreno, unos ochenta metros cuadrados de asfalto, con un único chamizo lleno de bidones vacíos y abandonados, hacía meses que estaba desmantelado y la vida salvaje se había hecho dueña del espacio.

Aprendiz de aeropuerto abandonado

¿Qué hacer?. La radio no funcionaba, nadie sabía donde estábamos. La aventura estaba servida. Después de pensar y discutir como salir de aquella situación con el menor riesgo posible, el piloto, decidió ir a buscar un poblado nativo que según su mapa, caminando estaba a unas tres horas de allí. Este hombre, natural de Zimbabwe, era el único preparado para ir a pie entre los peligros de la selva. Y se marchó, no sin antes advertir de que no saliéramos de la avioneta y que por nada del mundo nos moviéramos de allí.

Dorothy y Marisa en el aeropuerto

Nos quedamos solos, Colin, su madre (que estaba en la película trabajando de escultora), y yo misma. Ni que decir tiene que en cuanto el hombre desapareció entre los árboles, nosotros pusimos pie a tierra. La adrenalina, a tope, los ruidos indescriptibles de la selva, algún rugido que otro, todo era mágico y al mismo tiempo aterrador. Estuvimos disfrutando del miedo unos tres cuartos de hora, hasta que empezó a anochecer, entonces, nuestra parte sensata del cerebro, nos dijo que mejor volver al aeroplano. Era la hora de la cena, cuando los felinos despiertan y buscan el refrigerio diario. Unas cuatro horas mas tarde, el piloto regresó en un 4/4, con dos nativos y combustible. Nosotros decidimos regresar a Vic Falls en el Land Rover. Ya habíamos volado lo suficiente.

Cuando llegamos a nuestro Hotel, casi era hora de levantarse para empezar el trabajo del lunes. En el jardín estaban desayunando los más madrugadores. Los monos observaban como siempre el ir y venir de los bollos, y de la fruta, esperando cualquier descuido para robar y darse un buen atracón. La semana estaba comenzando.

Taller  al aire libre. Envejeciendo esqueletos y preparando látex para hacer la piel de las criaturas

El quehacer en nuestro departamento fue muy intenso mientras tuvimos que modelar criaturas, tomar moldes y maquillar o pintarrajear a cientos de nativos. A mí una de las cosas que me encantaba bastante hacer era “envejecer” a los esqueletos. Los ensuciaba, para darles aspecto de haber estado enterrados mucho tiempo, y para ello les ponía látex liquido por todos los huesos y antes de que secara, les añadía trozos de papel higiénico, luego los tiraba al suelo buscando la tierra mas sucia, el resultado es que cuando secaba el látex teníamos trozos de piel apergaminada, con arenas y bichitos adheridas a los huesos y el resultado era espectacular. Luego, el trabajo fue descendiendo y poco a poco quedamos un equipo pequeño.

Por la noche salíamos a cenar con algunos de los actores y de los técnicos, luego nos pasábamos por el casino, que estaba bastante aburrido por no ser temporada de turismo. Debo decir  que Richard Chamberlain era muy majo, educado y discreto, al igual que su novio, un chico muy prudente y agradable, que tenía un pequeño papel en la película. James Earl Jones también encantador, y en general todos eran simpáticos y desde luego nada conflictivos. Y fue pasando el tiempo.

León  que era parte de nuestro equipo, se le suponía algo domesticado

Guardas de seguridad  Por si las moscas. En este caso por los animales del equipo y por los del entorno.

Cuando quedaban tres semanas para terminar el rodaje, yo recibí una llamada de José Frade desde Madrid. Estaba preparando “Al filo del hacha” y me necesitaba para montaje. Me lo pensé, y como lo de la segregación racial seguía pesando sobre mi espíritu (a pesar de que nada tenía que ver conmigo), resolví dejarles. Ahora no lo hubiera hecho, y hubiera agotado hasta el último día mi estancia allí, pero entonces, era muy novata y me tomaba las cosas de otra manera, ya que cierta parte del mundo y sus habitantes eran bastante desconocidos e incomprensibles para mí. Me perdía el conocer Namibia, donde se terminaba de rodar la película, pero la decisión ya estaba hecha. Y dejé las maravillosas cataratas, y a la familia, con la pena justa de estos casos.

De Vic Falls, volé a Johannesburgo. Aquí, estuve dos días. Una de las chicas que habíamos tenido en maquillaje, se ocupó de mí y me ayudó a dilapidar todo el capital que había ganado en la película en un par joyerías, y no fue difícil hacerlo. Mi salario me lo habían dado en moneda de Sudáfrica y esta no tenía cotización interesante en el primer mundo, con lo cual, había que gastarlo como fuera.

Esto de cobrar en dinero que solo valía en aquellas latitudes, lo tuve que aceptar, sí o sí, pues a la producción les venía bien por lo que fuere y como a mi me interesaba estar con mi marido (a él le pagaban en Inglaterra en libras), pues tuve que tragar... Los últimos Rands sudafricanos, los gasté en el aeropuerto, justo antes de subir al aeroplano.

Cuando entré en el avión de Iberia, respiré satisfecha, y antes de que la tripulación me diera la bienvenida en inglés, me apresuré a saludarles en español. Yo ya estaba en casa. Y desde ese momento, me propuse olvidar cuanto antes las diferencias que algunos establecen entre razas, tribus, religiones y color de piel. Pero en mi corazón, llevaba ya prendido el germen de la adicción a África, esa de la cual nadie se libra, y con esta, la necesidad de regresar, una y otra vez...

Cataratas Victoria

En Madrid me esperaba otra película,  nuevas experiencias. Pero esto sin duda....
¡Es otra historia! .
-.-.-

Capítulo anterior.

Autora: Maria Luisa Pino    (Mayo 2012)

En este blog colaboran: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez

Notas:
1-Giuseppe Tortora . Le conocimos en “Conan”, mas tarde estuvo con nosotros en “La Historia Interminable” I  y II . Era el responsable de que las criaturas (todas) tuvieran movimiento, también  trabajamos juntos en “Red Sonja”. Pero sobre todo era/es un gran amigo.

4 comentarios:

  1. Ja, ja Marisa. Me ha encantado. Debo reconocer que no soy tan lanzada como tú, creo que el miedo me hubiese impedido salir de la avioneta a explorar, pero parece que hasta animásteis a la suegra, qué valiente.
    Y la foto de los elefantes cabreados es brutal, yo me desmayo del susto.
    ...Y no digamos si tengo que convivir con ese león enorme, supuestamente domesticado.
    Me dan mucha envidia todas tus aventuras, pero no sé si en este caso mi fobia a determinados bichos me hubiese permitido compartir tu experiencia.
    ¡Eres una osada!.
    Bss. Ingrid

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  2. Ingrid,una vez q. te metes en estos líos, tragas con lo que sea. De cualquier modo, a mí los animales me gustan montón y si son salvajes, mejor. El terror que puedes sentir en algún momento de apuro, es limpio, refrescante, y en cierto modo adictivo. Nada que ver con la vida en nuestras ciudades, con miedo a q. te roben , a q. te endosen las preferentes o a q.la luz, el agua o la televisión , dejen un día de funcionar...
    Lo de la suegra...No habia q. convencerla para nada. En esto de las excentricidades o las pequeñas locuras, ella era la primera o mas bien la segunda (despues de su hijo)Ambos eran iguales, yo era la que tenía q. poner cordura o sensatez en la mayoría de los casos.
    Bss. M.

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  3. Mª Luisa es una persona increíble y a parte de gustar el contenido de sus vivencias me encanta cómo lo explica y con qué gracia con este sentido del humor. . .Si pudiéramos saber más¡ Espero poder leer más sobre esas aventuras "cinematográficas" y personales. BESOS.Maripí

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